Por Nuria Asencio
Durante más de 20 años gestioné las crisis reputacionales de grandes empresas. Hoy, gestiono la crisis más difícil de todas: la que una persona tiene con su propia identidad.
La comunicación es un acto básico de supervivencia en prácticamente toda especie viva, incluidas las plantas. Los humanos dimos un paso más allá. Creamos el lenguaje, que nos permitió hasta comprender las emociones del otro desde el gesto y la palabra. Conceptos como tristeza, alegría, nostalgia, son fácilmente expresables gracias a gestos y palabras, que forman un complejo sistema de interrelación y dan sentido a nuestra existencia en el planeta, pues nos ponen en un escalón superior de consciencia en relación con el resto de seres con los que compartimos este planeta.
Esa fue la razón que me llevó a estudiar psicología luego de más de 25 años de ejercicio profesional en comunicaciones. Me dediqué al manejo de crisis reputacionales, a asesorar empresas y personas cuando veían afectado su buen nombre o su posición de valor -la percepción de los demás- por cuenta de situaciones o declaraciones que los enfrentaban a un juicio público. Pero luego de todo ese tiempo, me di cuenta de que no tenía el mapa completo: experimentar angustia o tener niveles elevados de cortisol como consecuencia de la crisis era una parte. Pero el proceso que provocaba la cadena de decisiones que llevaban a la crisis… eso era otra historia.
La comunicación humana es un proceso psicológico superior. Entre el aprendizaje, la memoria, el pensamiento, la atención y los procesos ejecutivos que incluyen la toma de decisiones, el lenguaje humano se destaca por ser el conector y la herramienta que permite la representación lógica y comprensible de todos. Comunicarse implica verbalizar, convertir todo lo anterior en verbo hablado o pensado. Y el verbo, la palabra, crea. La voz que más escuchas durante tu vida es la tuya. Y eso nos hace responsables de evaluar la calidad de nuestra comunicación interna y su reflejo en nuestra comunicación interpersonal.
Cuando entendí todo esto, entendí que somos creadores desde nuestra palabra y nuestro pensamiento de nuestra propia realidad. Y en ese proceso llegué a la Cábala Astrológica. Este conocimiento ancestral del ser, que le permite al consultante entender el “para qué” de las situaciones que vive y trascenderlas desde la comprensión amorosa del pensamiento que materializa, resultó fundamental para mi comprensión. No es un “arte adivinatorio”. Es la ruta para comprender los obstáculos en el camino y devolverle al consultante su soberanía personal, su potencial creador… manejar la crisis reputacional consigo mismo para que comprenda cómo su potencial (ser) puede perderse en la materialización (hacer), y apoyarlo en el camino del retorno, donde recupera su capacidad de construir su vida con coherencia y consciencia.
Por eso ahora me dedico a ayudar a las personas a que identifiquen cuáles son esas crisis reputacionales que los llevan a repetirse discursos y mandatos inconscientes que los sabotean, que tienen impacto directo en su relación con ellos mismos y, en consecuencia, en la relación con los demás. Me alejo del concepto de la psicología de vernos como seres que deben “repararse”. Salvo contadas situaciones, no estamos rotos ni necesitamos arreglarnos. Los cánones de normalidad cambian de acuerdo con el momento histórico y la cultura.
La verdad del mundo occidental europeo no es la misma del americano y, menos aún, de la que profesan las culturas de oriente. Y no por eso dejan de ser verdades. Por eso no podemos considerarnos “anormales”. Por eso mi enfoque es el de encontrar el origen de la narrativa, del verbo que crea, y de las emociones que acompañan coherentemente el proceso, muchas veces para hacernos tropezar, por no verla, con la misma piedra.
Todo lo que deseamos construir en la vida: bienestar material, salud física, afectos consolidados, tienen como base común el contacto con los otros. Y si la relación conmigo está en una crisis, la consecuencia lógica es que, con los demás, también sean complejas. Solo damos lo que somos.
Ofrezco la experiencia de 28 años de manejo de crisis reputacional, 2 de psicología y muchos años de estudio y conocimiento, además de una potente experiencia personal que me ha llevado a comprobar esta, mi verdad de ahora, en primera persona. Y es la que pongo a disposición de quienes consideren que mis saberes, con la herramienta de la Cábala Astrológica, pueden ser una orientación (no una adivinación) para mejorar su relación con ellos mismos y, en consecuencia, con la realidad que quieren crear.

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