Por: Jesús Elias Varón Rincón
Hay hombres que nacen para correr detrás de una meta y otros que, además de alcanzarla, terminan guiando a todo un pueblo hacia ella. Así fue la historia de John Harold Suárez Vargas, uno de esos bugueños que aprendió primero a amar el deporte antes que la política, uno de esos muchachos que descubrió en las pistas de atletismo el verdadero sentido de la disciplina, la constancia y el liderazgo.
Desde niño, John Harold fue inquieto, vivaz, de espíritu incansable. Creció entre las calles de Guadalajara de Buga, entre juegos de barrio, jornadas deportivas y esa necesidad casi natural de mantenerse en movimiento. Fue alumno del Externado Rafael Uribe Uribe, institución que lo vio crecer y donde comenzó a dejar entrever ese temperamento sereno pero firme, que años más tarde lo llevaría a convertirse en una figura importante de la ciudad.
Mientras muchos jóvenes dudaban sobre su futuro, John Harold ya tenía claro que su camino estaba ligado al deporte. Por eso ingresó a la Unidad Central del Valle del Cauca, la UCEVA, donde cursó con honores la licenciatura en educación física. Allí no solo se formó como profesional, sino también como líder, como orientador y como un convencido de que el deporte podía transformar vidas.
Entre 1995 y 1997 comenzó una de las etapas más recordadas de su trasegar en el atletismo bugueño. Se convirtió en entrenador de atletismo en Buga y desde ese lugar empezó a sembrar una semilla que daría frutos durante muchos años. Su trabajo de formación y masificación fue formidable. Bajo su dirección surgió una camada de atletas destacados, jóvenes que encontraron en él no solo un entrenador, sino también un guía, un consejero y un ejemplo de vida.
En aquellos años era común verlo llegar muy temprano a las pistas, organizar entrenamientos, corregir posturas, dar palabras de aliento y quedarse hasta el final de cada jornada. Nunca fue un dirigente de oficina ni un entrenador distante. Su verdadera escuela estuvo siempre al lado de los atletas, respirando el polvo de las pistas, soportando el sol de las tardes bugueñas y compartiendo el cansancio de cada práctica.
Su trabajo llamó la atención del entonces alcalde Genner Zuluaga, quien depositó toda su confianza en aquel joven educador y lo nombró director ejecutivo del IMDER Buga. Fue, sin duda, una de las mejores decisiones administrativas de aquella época. Desde esa posición, John Harold Suárez Vargas transformó el deporte bugueño.
Durante su paso por el IMDER logró fortalecer procesos, abrir espacios, apoyar atletas y consolidar eventos que hoy todavía permanecen en la memoria de quienes vivieron aquellos años. Su gestión fue tan destacada que ganó durante tres años consecutivos el Terraco de Oro como mejor dirigente deportivo del Valle del Cauca, un reconocimiento reservado para quienes dejan huella verdadera.
Pero si hubo algo que marcó profundamente su paso como dirigente y más adelante como alcalde, fue su capacidad para unir el atletismo con la identidad cultural y religiosa de Buga. Gracias a su impulso se realizaron durante varios años el Festival Atlético Señor de los Milagros y aquellas inolvidables carreras de relevos que partían desde Guadalajara de Buga rumbo al Santuario de Las Lajas, en Ipiales, y posteriormente hacia Chiquinquirá y la Catedral de Sal.
Aquellas travesías fueron más que simples competencias. Eran aventuras humanas, actos de fe, resistencia y compañerismo. Los relevos atravesaban montañas, carreteras y pueblos enteros, llevando consigo el nombre de Buga y el orgullo de una ciudad que aprendió a correr detrás de sus sueños. En esas jornadas acompañaron a John Harold atletas de gran nivel como , y , hombres que compartieron kilómetros, sacrificios y anécdotas imborrables.
El prestigio alcanzado en el deporte terminó por abrirle las puertas de la vida pública. Su paso por el IMDER lo catapultó hacia la alcaldía de Buga, cargo al que llegó no una sino dos veces. Como alcalde dejó obras, liderazgo y logros importantes para el municipio. Sin embargo, quienes lo conocieron de cerca saben que, aun investido de poder, jamás abandonó su esencia de atleta.
Porque mientras otros políticos se alejaban de la gente, John Harold seguía siendo aquel hombre sencillo que salía a correr por las empedradas calles bugueñas, el mismo que saludaba a los deportistas, que se detenía a conversar con los entrenadores y que entendía que el deporte era una herramienta para construir ciudadanía.
Más tarde llegó al Senado de la República, llevando consigo la experiencia adquirida en el deporte y en la administración pública. Pero en el corazón de muchos bugueños, John Harold Suárez Vargas seguirá siendo, antes que senador o alcalde, aquel muchacho que creyó en el atletismo como una forma de cambiar destinos.
Su historia no puede contarse únicamente desde la política. Debe contarse desde las pistas, desde los entrenamientos, desde las madrugadas frías, desde los festivales atléticos y desde esas interminables carreteras recorridas en relevos que parecían no terminar nunca.
Porque en la historia del atletismo bugueño hay hombres que corrieron para ganar medallas, y hay otros, como John Harold Suárez Vargas, que corrieron para dejar un legado.

Leave a Reply