Próximo gobierno deberá cubrir el déficit financiero en salud

Por Carlos Fernando Vargas — Médico familiarista

El próximo gobierno tendrá la tarea y la obligación de reconstruir el sistema de salud colombiano. Aunque esto implica un esfuerzo económico monumental, no es una misión imposible. Todos los sistemas de salud del mundo enfrentan problemas financieros como consecuencia del envejecimiento de la población, no solo en Colombia sino a nivel global.

A esto se suma la presión tecnológica: medicamentos más costosos, tratamientos más novedosos, procesos de investigación más complejos y equipos cada vez más sofisticados. En otras palabras, el sistema de salud siempre tendrá que lidiar con el aumento de los costos derivados de los avances científicos. Esta es una realidad que enfrentan todos los gobiernos, muchos con déficit, y cada uno busca resolverlo de la mejor manera.

Colombia fue exitosa en este proceso durante cerca de 28 años. El país se convirtió en ejemplo en Latinoamérica en términos de eficiencia, cobertura y satisfacción del sistema de salud. No era perfecto, pero sí un modelo que podía mejorar con el tiempo.

Sin embargo, al déficit financiero natural del sistema, el actual gobierno —según el análisis del autor— le sumó una política orientada a debilitarlo, en lugar de fortalecerlo. En vez de afrontar el problema económico, se habría incrementado la crisis mediante una narrativa negativa contra el sistema existente.

El próximo gobierno, por tanto, tendrá que enfrentar la realidad: determinar el tamaño del déficit y encontrar la manera de cubrirlo. Se estima que el faltante oscila entre 24 y 34 billones de pesos, una cifra considerable, pero que, según el análisis, puede resolverse con voluntad política y con la redirección de recursos hacia el sistema de salud.

El dinero existe. Se menciona que el gobierno ha gastado cerca de 14 billones en un solo mes en programas de carácter político, lo que demostraría que hay recursos disponibles. La diferencia, entonces, radicaría en las prioridades.

El reto no solo será conseguir los recursos, sino también fortalecer los mecanismos de control. Es necesaria una auditoría profunda en todos los niveles, tanto en EPS como en IPS, debido a que el volumen de dinero que se maneja es multimillonario y requiere vigilancia estricta.

La solución es urgente, difícil, pero posible. Un sistema de salud renovado y fortalecido dependerá de decisiones políticas firmes y de la correcta administración de los recursos.

La situación de los médicos

Los médicos están viviendo de manera directa las consecuencias de la crisis del sistema. Se reportan atrasos en pagos de tres, cuatro e incluso cinco meses, además de subcontratación y reducción de plantas de personal debido a la falta de recursos.

Esto impacta directamente la atención al paciente, especialmente en la oportunidad del servicio. En términos médicos, la oportunidad es el tiempo que transcurre desde que se solicita un procedimiento hasta que se realiza, o desde que se remite a un especialista hasta que el paciente recibe la atención.

Cuando hay menos recursos, hay menos especialistas, se aplazan cirugías, se retrasan exámenes y se prolonga la atención. Todo esto deteriora la calidad del servicio.

La crisis también revive una realidad que parecía superada: el desempleo médico. Antes de la Ley 100 de 1993, era común encontrar médicos sin trabajo o ejerciendo otras labores. Hoy, nuevamente, empieza a evidenciarse el subempleo y el desempleo en el gremio.

También preocupa la división dentro del sector médico. Algunos profesionales respaldan el modelo actual, mientras otros lo critican fuertemente. Según este análisis, algunos lo hacen por militancia política, otros por desconocimiento de cómo funcionaba el sistema antes de la Ley 100.

Antes de esa reforma, el acceso a la salud dependía muchas veces de influencias políticas. Existían paros constantes, corrupción y baja cobertura. Colombia tenía apenas un 22% de cobertura en salud; hoy alcanza cerca del 99%.

Finalmente, el llamado es al gremio médico. Se cuestiona la pasividad frente a la crisis y se plantea la necesidad de que los profesionales de la salud participen más activamente en la defensa del sistema.

La discusión sobre el futuro de la salud en Colombia no solo es técnica o económica, sino también política y social. Lo que está en juego no es solo el sistema de salud, sino la calidad de vida de millones de colombianos.

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