Por Gustavo Petro. Presidente de la República
Tumbar la reforma pensional y el salario vital, es la destrucción definitiva del programa propuesto y votado por el pueblo de Colombia. Un hecho en la historia de este tamaño, lo haría unas entidades y una fuerza oscura muy contraria a la buena salud del pueblo. Si algo se ha demostrado ahora en Colombia es como actúa el derecho formal, la lógica del hilado de las palabras vacías y no su contenido ni sus objetivos humanos ni su sustancialidad,contra la existencia y el progreso. Es una fuerza jurídica para destruir, sustentada solamente en la fuerza oscura del retardo, del impedir, sin reconocer la enorme desigualdad de las personas y su carencia de derechos garantizados, Es el pasado.lo que enfrenta los cambios, la transformación y sobretodo el progreso humano; un anacronismo que no muestra propuestas y solo rechaza e insulta,y es un pasado como el señor que excluye en el avión, mil veces experimentado por mi mismo, Pero que llevan a la mayoría de los colombianas y colombianas, exclusión que a Colombia la ha llevado a centenares de miles de muertos, a litros de sangre derramada. Excluir a las personas de sus derechos es la causa de la violencia en nuestro país. Un dirigente del país como yo, no puede contemplar pasivamente lo que pasa. El intento de la exclusión total, el No definitivo al derecho y la democracia debe ser respondido en paz, pero con contundencia por el constituyente que hoy se acerca a votar por el constituido que hace las leyes y debe acercarse también, a la solicitud de la firma por la constituyente que cambie los vientos retardatarios y permita el avance del país. Ahora estamos unidos obreros y obras, campesinos y campesinas, soldados y soldadas, estudiosos y estudiosas, el alma de la Colombia entera, bajo una bandera digna que siempre luchó por la libertad y al emancipación, la bandera de Colombia El camino del voto y de la firma de las personas debe ser convocado y el pueblo decide. Sabemos que ya hay conformada una inmensa ola popular que tiene enceguecido a los exponentes de lo que ya murió en Colombia, con la palabra vacía en su cerebro vacío y sin amor, que ahoga la vida, del insulto que quiere amenazar la libertad y de la triquiñuela para impedir los derechos de la gente. La codicia de quienes se apropian del estado para enriquecese está desatada como nunca y no los deja ni pensar ni actuar correctamente. Hay que cuidar las y los dirigentes del cambio y estar y apoyar, de manera pacífica y alegre, la ola popular. Ante la declaratoria de la exclusión del pueblo, entonces es el pueblo en las calles hasta el útimo rincón de Colombia. El presidente estará hasta el último día en esta gesta libertadora que de nuevo avanza sin parar, por la Vida y por Colombia.

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