Por Héctor Olimpo Espinosa
Candidato presidecial
Creo profundamente en la defensa de nuestra democracia y en los principios de las democracias liberales de Occidente: las libertades públicas, la división de poderes, la libertad de prensa, la iniciativa privada, un Estado aliado del emprendimiento, el imperio de la ley y una política social incluyente.
Estos son los pilares sobre los cuales debe construirse cualquier alianza, y solo pueden sostenerse con personas que los compartan, sin vínculos con grupos ilegales ni simpatías con modelos antidemocráticos.
La convocatoria debe ser amplia, de Abelardo a Fajardo, incluyendo a quienes se equivocaron con Petro, pero actuaron dentro de la democracia y hoy están dispuestos a rectificar. El reto que enfrentamos, cambiar el modelo de gobierno y el liderazgo del país, es mayor que nuestras diferencias o empatías personales. Por eso prefiero una política con amplitud, sin vetos ligeros ni exclusiones innecesarias.
Aprecio tu invitación, hecha hace una semana, a participar en un proceso colectivo con varios precandidatos. He tomado estos días para reflexionar con seriedad sobre la propuesta de unidad que planteas.
Me invitaron a un encuentro este lunes 24 de noviembre con precandidatos, en el que entiendo estarás presente. Por compromisos en el Caribe quizá no pueda asistir, pero sí quiero dejar claridad sobre varios puntos fundamentales:
1. Las encuestas son un error estratégico en este momento.
Los procesos definidos por encuestas terminan dividiendo, desgastando y rompiendo equipos. Lo vimos en el Centro Democrático y también en mi propia experiencia con la Fuerza de las Regiones.
Una alianza sin un “jefe” que recoja los pedazos cuando es necesario, como lo hace el expresidente Uribe en el Centro Democrático, no puede darse el lujo de entrar en ese laberinto.
Cuando comienzan los debates sobre metodologías, muestras, firmas, ponderaciones o vetos a encuestadoras, aparece el “creativo” que intenta acomodar las reglas a su favor. Ese camino destruye más de lo que construye.
2. Las encuestas excluirían a la mayoría.
Hoy todos, o casi todos, los convocados están dentro del margen de error.
La polarización ha invisibilizado voces valiosas.
Si abrimos esa puerta, la unidad se rompe antes de nacer.
3. La consulta de marzo debe ser amplia.
Es mejor con esponja que con escoba.
Quien crea en los principios liberales y tenga aval o firmas validadas debe poder participar, sin obstáculos ni vetos.
No se derrota un mal gobierno con reglas acomodadas ni con procedimientos restrictivos.
Si aun así se insistiera en un umbral basado en encuestas, este debería estar por encima del margen de error, es decir, superior al 5%. Pero con ese criterio, casi todos, o todos, quedarían por fuera.
4. La amplitud es la única fórmula que nos da una opción real.
Una convocatoria amplia, sin exclusiones, sin reglas acomodadas y sin vetos personales, es la única manera de obtener un resultado serio y legítimo.
Agradezco tu invitación y valoro tu liderazgo. Seguiré atento a los avances y siempre dispuesto a sumar si eso ayuda a que Colombia tenga una alternativa democrática sólida en 2026.

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